Acuchillador de parquet y algo más

By | July 25, 2015

Con 31 años me considero afortunado porque vivo en un pequeño adosado con mi esposa, Carmen, de 29 años y que sin ser una miss es una verdadera preciosidad, con media melena negra y ojos oscuros que la hacen una cara muy atractiva lo que le complementa ese 168 de altura y un pecho bastante proporcionado que llena muy bien una talla 95.

He de decir que nosotros tenemos una relación sexual bastante satisfactoria para ambos y nunca hemos buscado ningún complemento fuera de nuestra casa.

Hace dos meses, Carmen decidió que era momento de acuchillar el parquet del salón y para ello pedimos varios presupuestos, de entre ellos elegimos a una empresa de nuestra ciudad que nos parecieron los más serios y tal y como prometieron al lunes siguiente empezaron los trabajos.

Eran dos operarios, uno de 50 años (el encargado) y un ayudante llamado José, bastante jovencito, apenas tenía 23 años.

El primer día mientras cenábamos, Carmen y yo hablando de los trabajos, comentaba que le hacía gracia el chico tan jovencito que con cara de niño y que tenía la impresión de que la había echado alguna que otra mirada, yo no pude por menos que reír y en el fondo me halaga que un jovencito mirase a mi mujer.

Al día siguiente mientras yo me afeitaba para ir a trabajar, Carmen se acercó a mí y abrazándome por detrás  (llevaba camiseta de dormir y bragas) me dijo:

¿Tú crees que a mi “jovencito” le gustará que le reciba así vestida?

A lo cual no pude por menos que echarme a reír y al girarme frente a ella y apretarla, para que notara mi miembro debajo de mi pantalón del pijama la dije:

Tú eres mía y ese “niñato” no tiene el “arma” que tengo yo, pero en el fondo he de reconocer que me mola que le pongas cachondo.

Mi mujer me metió la mano y me agarro mi pene y pegándome un mordisquito en los labios dijo:

Qué pena que tengas que irte…me apetecía comértela…así que me tendré que conformar con provocar al “jovencito”

A partir de este punto seré yo, Carmen quién te siga contando como acabo la cosa que para eso fui la principal protagonista.  Apenas mi marido se fue, empecé a prepararme para lo que yo llame mi “pequeño juego”: para ello me duche y elegí para recibir a los operarios algo formal pero al tiempo algo sensual: unos leguis que marcaban que usaba tanga y una camiseta blanca opaca pero que con mis 29 años aun podía usar sin ponerme sujetador.

El recibimiento fue cordial y si bien es cierto que me pareció que el jovencito me echo alguna mirada tampoco fue nada descarado y digno de mención, lo que si me llamo la atención es que aquel día vestía chándal y por lo que pude entreveer …no parecía estar mal armado.

Por la tarde, el encargado tuvo que marcharse mas pronto de lo debido y mientras que José (el jovencito) seguía haciendo su trabajo, me dedique a tender la ropa, para ello tenia que pasar a su lado para salir a la terraza, y como siempre me pasa, que trato de llevar toda la ropa de golpe, al pasar junto a él, se me cayeron un par de piezas de ropa: unos vaqueros y…una de mis braguitas. El chico sin inmutarse, muy amablemente, las recogió y me las dio, ante lo cual le di las gracias y le dije menos más que se me han caído delante de ti y no de tu jefe, que a saber que iba a pensar…Sin apartarme los ojos dijo:

No se equivoque, Carmen, que a mi las mujeres que tienen algo que enseñarme son mis preferidas.

Mi cara de estupefacción se hizo presente y allí de pies con mis mallas y mi camiseta sin sujetador, solo pude decirle:

-Ya tengo un marido que me tiene satisfecha en todos los sentidos

-Pero él no tiene el ansia de un chico de 21 años como yo

Ese niñato me estaba poniendo a prueba y no me iba a quedarme como una puritana…asi que decidió y hecho…Al cabo de media hora, le dije: Por favor ayúdame a levantar el canapé que no se queda arriba y tengo que sacar unas mantas.

El levanto el canapé y mientras sujetaba yo me metí dentro y agarre las mantas y me di cuenta que tenía una caja guardada con lencería aun sin estrenar, y ni corta ni perezosa: allí de rodillas dentro del canapé lo saque y le dije:

-¿Tú crees que a una mujer como yo le quedaría bien esta braguita roja de encaje?

Fijándome en sus ojos estaba claro que estaba salivando tanto por la boca como por el pene…me miraba sin decir nada…me acerque a él y tenia su entrepierna a la altura de mi cara.

Pero le deje con las ganas…me gire sobre mi misma aun de rodillas para que viera mi culo con las mallas ajustadas trasparentado el tanga…quería que sufriera….

Salí del canapé y él lo bajó, el paquetón que tenía en el chándal indicaba perfectamente que ese niñato me deseara. Pero al mismo tiempo quería follármelo, no él a mi, sino yo a él.

Así que me acerque y metí la  mano en su chándal mientras le comía la boca, estaba el niñato supercachondo, su bóxer era todo humedad y el capullo de su polla estaba completamente mojado, estaba a punto de correrse, así que de un envite me quite las mallas y el tanga, le tumbe en la cama y antes de ponerme encima de él, le metí mi tanga en la boca, el niñato estaba flipando, le dije así sabrás a qué sabe mi coño, y de un envite hice que me la metiera hasta el fondo, estaba claro que aquel era mi polvo,  no el suyo, así que me dedique a cabalgarle y en menos de dos minutos me había llenado de leche, pero a no paré y el niñato ya no sabia como pedirme que le dejara de follar porque la corrida había tenido lugar y cada nuevo meneo a su polla dentro de mi coño, todo mojado, era para él una episodio de placer y de dolor al mismo tiempo.

Al igual que le empecé a follar me salí de él, y como si tal cosa le dije, ya sabes como folla un mujer de verdad ¡!!!

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