Infidelidad a bordo: Gimnasio

By | July 29, 2015

Llebavamos 4 días a bordo de un crucero por las islas griegas, que habíamos decidido hacer en compañía de nuestros hijos, después de 24 años de casados mi relación con mi marido había dejado de ser llamativa para ser rutinaria y sin emoción alguna, nos habíamos acomodado el uno al otro, aunque a mis 48 años aun me conservaba bastante bien, gracias a la genética siempre había sido una mujer delgada, aunque aun tenía un buen cuelo y unas hermosas curvas y eso porque nunca había dejado de acudir al gimnasio.

Aquella mañana mientras que mi marido y mis hijos habían decido pasarla en la piscina yo me fui al gimnasio un par de horas a machacarme.

infidelidad en el gimnasio del crucero

Me vestí con mi ropa habitual: deportivas, mallas negras y camiseta de licra, y como siempre hacía, me puse una tanga y un sujetador deportivo y me puse mi inseparable goma en el pelo.

Llevaba media hora en el gimnasio, cuándo estaba en la espaldera haciendo unas sentadillas, cuándo al levantar la cabeza me di cuenta que un joven de unos 30 años, mientras pedaleaba en una bicicleta estática, me estaba observando y enseguida reparé que en mi posición actualmente los pezones se debían estar marcando, y eso me hizo sentir sexy y deseada.

Al cabo de unos minutos volví a mirarle de forma disimulada y me percaté que su vista había bajado, pero seguía mirándome…y de repente me di cuenta que estaba mirando mi entrepierna, en esa postura y con las mallas toda mi rajita le tenía que estar ofreciendo una visión explosiva, y eso me puso realmente cachonda, lo que sin duda provocó que los vasos sanguíneos de mis labios vaginales se llenaran provocando aun más el abultamiento de mi coño y todo eso a través de la malla no tenía secretos  para mi admirador.

De repente mis ojos se cruzaron y los dos seguimos aquel juego tan sutil y explícito:  se colocó en otras espalderas enfrente de mi, y empezó a hacer abdominales: sí estaba claro que le había excitado, el contorno de su polla dura se apreciaba perfectamente a través de su pantalón de ciclista.

No pude, ni quise reprimirme, ver a 3 metros de mí, un joven atlético con una polla más que considerable por mi culpa, me hizo sentirme como una verdadera diosa y mis fluidos vaginales empezaron a hacer acto de presencia y primero llegaron al tanga pero continuaron hasta que empaparon mis mallas.

Apenas quedaba ya gente en el gimnasio, y la provocación de uno hacia el otro era máxima… Así que me fuí al baño, con la idea preconcebida de darme una satisfacción a su cuenta (cosa que últimamente hacía a solas porque mi marido ya no me daba lo que yo necesitaba…)

El baño era unipersonal y acababa de entrar cuándo fui a cerrar con pestillo, note que desde fueran presionan la puerta, y justo cuando iba a decir que estaba ocupado, vi la cara del joven ciclista que me había seguido: me quedé sin saber que hacer pero él lo tenía muy claro: me agarró por la cintura y me plantó un morreo del 15, su entrepierna se clavó entre mis muslos mojados y ahí sucumbí:

Me apoyo contra el lavabo mirándome de frente y de un tirón me bajo las mallas y el tanga al mismo tiempo, mi coño rasurado y abultado por la excitación quedó a su merced que no tardó en empezar a chupar y lamer, tan pronto me lamía el ombligo como me separaba los labios genitales con un par de dedos y metía la punta de su lengua, aquello era para mi…volver a nacer, deseaba follármelo, sacarle la polla y meterla en mi coño pero el me tenía fuertemente agarrada y me estaba succionando el coño cada vez más, y de repente solo dijo: quiero tu leche, zorra ¡!!

Fue tal mi sorpresa al oír aquellas palabras que exploté y me corrí por completo en su boca, pero el muy cabrón en vez de dejarme tranquila, (mis fuerzas habían quedado anuladas por el orgasmo), me giró contra el espejo me separó las piernas, y desde atrás me penetró vaginalmente, pero no de forma suave, sino que con la primera embestida me la había metido hasta el fondo, allí estaba: en un baño de un barco, con un desconocido, con las mallas por los tobillos y con un joven que me estaba follando con una polla bien hermosa. A la tercera embestida, noté como su leche se movía dentro de mi coño y me escurría por mis piernas, era tan salvaje que me vino otro orgasmo y nuestros semen se juntaron.

Tan rápido como me penetró salió de mi, y antes de que pudiera darme la vuelta se había subido el culotte, y me dijo al oído: aun quedan 5 días de crucero, y durante ese tiempo serás mi zorra.

Se dio la vuelta y salió del baño y allí me quede yo sola, sin saber que pensar, estaba casada, con dos hijos y un mozo que bien podría ser uno de mis hijos por la edad que me había follado de forma salvaje y todo eso me hacia sentir una perra, cosa que me ponía cachonda, y pensé si, tal como dijo en los próximos 5 días volvería a ser follada por aquel “deportista”…

La respuesta leyendo: Segundo encuentro en el Crucero

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