Las dos dueñas y yo

By | August 1, 2015

La tarde caía y allí estaba yo apurando mis vacaciones en aquella casa rural, viendo como las dos hermanas arreglaban los setos del jardín, no podía quitarme de la cabeza que había sido poseída por las dos, y eso me provocaba un sentimiento de viciosa que hacia que se me estuvieran mojando las bragas debajo del vaquero.

Ines, con pantalones cortos y camisa abrochada a la cintura y definiéndose a través de la tela sus pechos pequeños y muy firmes, era viciosa y pasional como os conté hace pocos días, en cambio María era dominante, madura, atractiva y muy posesiva tal y como os relaté en otro post.

las dos dueñas y yo

Tan ensimismada estaba en mis recuerdos sexuales con ellas que no me dí cuenta que María se había acercado hasta colocarse delante de mí y frente a mi, allí de pies, con orden tajante decía:

Veo que no haces más que mirarnos a mi hermana y a mí y que de forma sutil te bajas la mano hacia tu sexo.

Sin acabar de decir la frase, me agarro de la mano y me condujo al salón, Inés había entrado detrás nuestro cerrando la puerta.

María llevaba la voz cantante, y sin preguntarme siquiera me quitó la camiseta, Inés me estaba besando el cuello y ya me estaba metiendo mano, acariciándome el culo por debajo del vaquero.

María me hizo tumbarme en mitad del suelo, agarro una mano y con una cuerda la ató a la pata de la mesa, repitió la operación con la otra mano pero estaba vez la ato a la pata de un sofá.

Inés me acababa de quitar mi vaquero y no hacia mas que mirarme con ojos de viciosa mi braguita blanca que dejaba a las claras que mi coño estaba segregando flujos de placer.

Inés se acurruco entre mis piernas y empezó a lamerme el chocho, el placer fue tal que aparté de la vista de ella y la elevé hacia el techo y entonces fue cuando vi que a María solo la quedaba puesta su camisa pero lo que más me impacto es que se había situado de pies, con una pierna a cada lado de mi cara, y se estaba agachando con su coño al desnudo, coño que se la veía jugoso y cuyos labios vaginales interiores eran terriblemente tentadores

Mientras que Inés se estaba dando un festín con mi conejito, y se estaba comiendo literalmente todos mis jugos el coño de María rozaba mi nariz, mi boca, el olor a su sexo, fue brutal, me sentía como una verdadera guarra del placer:  La hermana mayor me ofrecía su coño maduro y ansioso y la hermana pequeña me estaba devorando el clítoris.

María se empezó a masturbar y a los pocos minutos, su semen fluía y la ley de la gravedad hacia que cayera sobre mi cara, el sabor amargo y desconocido hasta entonces para mi, hizo que tuviera un orgasmo, que fue absorbido con mucha pasión por la boca de Inés.

Me retorcí de placer, y las ataduras en las muñecas hacia que se pellizcara la piel y el placer orgásmico fue a mayores, me sentía como una zorra atada y poseída, como un juguete del sexo en manos de aquellas dos hermanas deshíbidas y liberales.

Después de media hora, y con tres orgasmos míos sobre la boca de Inés, me desataron, y me hicieron sentar en una silla mientras que ellas preparaban unos refrescos con mucho hielo para las tres.

Si hace unos meses me era impensable que pudiera leer un relato erótico lésbico similar a éste hoy en cambio, estoy deseando volver a experimentar el goce de ser poseía por esas dos preciosas hermanas lesbianas.

Al final había encontrado un sitio de vacaciones al que volver todos los veranos….

 

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