Sexo en Casa Rural

By | July 8, 2015

Hacia 15 días que había roto con mi novio, después de 5 años y la principal causa de la ruptura era la monotonía y aburrimiento, y aprovechando la llegada del mes de Junio y el inicio de las vacaciones había hecho la maleta, cogido el coche y muy bien sin saber hacia donde dirigirme, había llegado a una pequeña localidad de la costa.

Me alojaba en una pequeña casa rural, que la regentaban dos hermanas, muy diferentes físicamente entre sí pero muy amables al trato.

 María, la mayor, de unos 35 años, llevaba el pelo corto, moreno, de ojos castaños y con una talla de sujetador que yo calculaba una 110,

Inés, que la pequeña, de apenas 25 años,  era todo lo contrario, femenina, vivaz, siempre con el escote asomando sus pequeños pechos tostados al sol, de talla 90 y por lo que pude apreciar no la gustaba usar sujetador. La melena rubia le hacia un efecto de pequeña niña mala.

He de decir que mis únicas relaciones habían sido con chicos y nunca me había planteado tener relaciones lésbicas, pero con mis 40 años ya estaba a vuelta de todo, he de decir que aun me conservaba muy bien y pechos de una 95 seguir erguidos y más aun que me gustaba usar blusas ceñidas.

Al tercer día de estar alojada en la casa rural, estaba desayunando en el porche, vestida con un pantalón blanco que transparentaba mi tanga, y una blusa que hacia lo propio con mi sujetador.  Inés estaba regando las plantas cuando poco a poco fuimos iniciando conversación y acabo sentada en mi mesa tomando un café. Aquella mañana estaba preciosa, los pezones se le marcaban a través de la blusa y el pareo que llevaba a juego por falda le quedaba ceñido a su pequeño culo, había que reconocer que aquella chica sabía como sacarse partido.

Estábamos la una frente a la otra, cuando al girarse mi compañera de charla, Inés, ante la llamada de su hermana, separo levemente las piernas y lo que vi me quedo sin respiración: no llevaba ropa interior, así que pude apreciar un pequeño chochito totalmente rasurado que me provocó una excitación dentro de mí, de pronto sentí que me había dado un calentón.

Al retomar la conversación, Inés se dio cuenta que estaba acalorada y cogiendo un servilleta de tela la mojo con el agua de la jarra, se arrodilló delante mio y mi lo paso por la frente, por el cuello, y entre el escote. En vez de apagar mi calentón, aquello encendió aun mucho mas mi deseo, la tenía a apenas 30 centímetros de mi, y podía verla a través de su escote dos bonitos senos con unos pezones erectos, eso me hizo pensar que ella también estaba cachonda.

Mi vulva estaba cada vez más jugosa, cosa que ella pareció adivinar porque de forma disimulada me rozo, la ingle y el calentón fue en aumento.

Me agarró la mano y me condujo al jardín de la parte trasera de la casa, allí estaban colgadas las sabanas secándose al sol, y al amparo de ellas, me llevo contra la pared, yo no sabía como reaccionar ni qué hacer ante la decisión de aquella muchachita sin pudor y descarada.

Apoyada contra la pared y rodeada por sabanas colgadas en el tendedero, Inés me agarró la cara con ambas manos y me besó, primero suavemente y luego me metió toda su lengua en su boca en un acto de sexo salvaje, al mismo tiempo sentí como me agarraba el pecho derecho mientras que su mano izquierda se introducía por debajo del pantalón y después de acariciarme el culo se dedicó a agarrar la tela del tanga y tensarla lo que hacía que mi clítoris sintiera esa tirantez y empezara segregar flujos de placer.

Mis gemidos eran apagados, estaba siendo follada por una jovencita, era mi primera vez con una chica, y era alucinante, Inés se arrodilló, me bajó el pantalón y mi tanga completamente mojada apenas podía tapar mis labios vaginales hinchados por el placer que me estaba provocando, con decisión apartó el tanga hacia un lado y con la puntita de su lengua me rozó los labios, con dos dedos abrió mis labios vaginales e introdujo su lengua de forma intensa y decidida, aquella acción, provocó en mi, un espasmo de placer y sentí como desde lo más hondo de mí, brotaba mi orgasmo, un orgasmo nada parecido a los que yo había experimentado por mi vida, mi semen fue explosivo, si en otros orgasmos se reducía a una gran humedad en todo mi pubis, en aquella ocasión note como brotaba hacia fuera una gran cantidad de leche, y al bajar la mirada pude apreciar como Inés, movía con ansia su lengua para no desperdiciar ni una gotita de mi semen, literalmente se estaba comiendo mi coño.

Al cabo de unos minutos, agotada la pedí que parase, cosa a la que accedió, me subió el pantalón, se puso de pies y me dio un beso, con lo cual pude probar el sabor de mi propio semen, me dio un abrazo, y me dijo: “Mi hermana María, ya me contó que tu erotismo me haría comportarme como una niña muy mala…”