Me he decidido contar mi historia, una historia que cualquier mujer la  puede vivir y que creo que merece la pena ser contada porque el azar también existe y que nunca se sabe dónde el destino puede ser tu aliado

 Me llamo Nora, tengo 47 años y a pesar de mi edad me considero una mujer atractiva, elegante y sensual. Siempre me he preocupado por mi aspecto físico y la genética ha hecho el resto. Esbelta, delgada, castaña de pelo largo, con ojos marrones y casi una perfecta talla de sujetador, una 90 con copa pequeña.

A pesar de que no comparto la vida con nadie, me gusta arreglarme, sentirme sensual, femenina, no por nadie, sino por mí misma, Una de mis debilidades es usar siempre ropa interior sexi, seductora aunque durante muchos años nadie la haya “disfrutado” yo nunca he dejado de elegir con cuidado lencería sexi, incluso para ir a trabajar, es como mi “pequeño secreto” que nadie conoce.

Era el mes de Agosto del pasado verano, en un pequeño pueblo costero del levante español, había alquilado una pequeña casita de dos plantas frente al mar a escasos 200 metros del puerto marítimo. Mis vacaciones tocaban a su fin, y aprovechando el calor de media mañana había entrado en aquella boutique de reconocida marca, enclavada en la mitad del paseo marítimo.

Al entrar en la tienda, el aire acondicionado en contraste con el calor de la calle había hecho que los pezones de mis pequeños pechos fueran prominentes puntos claramente adivinables a través de la tela del aquel fino vestido veraniego, ya que tenía por costumbre no usar sujetador estando de vacaciones y de disfrutar de aquella pequeña libertad.

De entre todos los conjuntos de lencería expuestos, me hechizó un camisón corto, azul transparente a juego con un tanga aún más transparente. Justo, cuándo iba a llegar a la cola de la caja, se me deslizó el tanga y cayó al suelo, al ir a agacharme a recogerlo, se me adelantó un caballero que muy solícito había hecho lo propio. Lo agarró y me lo entregó (me dio un poco de pudor) pero así y todo fuí capaz de articular un educado “Muchas gracias”…pero de repente se me quedó mirando fijamente y balbuceo:

“Norahs”

……de repente…me di cuenta…era él…no me lo podía creer…habían pasado 10, 12…15 años, no lo sabía…

Era Jaime, aquel hombre que casualmente conocí en una plataforma de contactos y con el que mantuve interminables charlas de chat en los tiempos en que yo trabajaba de ejecutiva de ventas. Ahora le tenía delante a 1 metro de mí…un hombre que ni siquiera había llegado a conocer en persona, aunque sí a través de interminables charlas y fotos compartidas.

El estómago se me cerró, la palidez se reflejó en mi rostro al tiempo que sentí en “mis muslos” un pinchazo fuerte y profundo. Todas aquellas conversaciones, primero triviales, luego personales y finalmente eróticas, muy eróticas se agolparon en mi cabeza en décimas de segundo, un escalofrío me recorrió toda la espalda hasta llegar a mi centro neurálgico de placer.

No había cambiado nada, un poco más maduro, con unas pocas canas que le hacían aun más atractivo, vestía un pantalón blanco a juego con una camisa del mismo color, con los dos botones superiores desabrochados que insinuaban la parte superior de su torso, su 180 de altura, sin ser musculoso se notaba que encajaba perfectamente con su cuerpo delgado pero fibroso.

Una vez recuperados de la sorpresa, nos dimos dos besos, un poco cortados y después de algunas frases incoherentes y tópicas, acertó a decir, señalando mis compras…

“tienes muy buen gusto, seguro que te debe quedar realmente sexi”

Al tiempo que vi como su mirada me recorría entera…Me puso colorada…(y sentí como mi sexo sufrió la primera oleada de humedad de aquel día veraniego)

Pague la compra y juntos salimos a la calle, justo enfrente había un restaurante, me invitó a comer a lo que accedí rápidamente.…con disimulo le hice un “recorrido”…buen culo, buen pecho, ojos verdes, labios sugerentes. Y parecía que era verídico todo que me contaba en aquellas charlas online: Estaba bien dotado…se notaba en el abultamiento claramente visible debajo de su pantalón blanco.

El mismo eligió una mesa en un rincón alejado, apenas había gente, hablamos de cosas triviales pero se notaba que los dos nerviosos, apurados, seguramente porque éramos conscientes que sabíamos todos los secretos más inconfesables del  otro. Años atrás (él incluso después de nuestra «separación» siguió acudiendo al chat solo por nostalgia, por recordarme, por si…) el anonimato que provocaba el chat y la situación tan complicada que pasábamos con nuestras respectivas exparejas nos había hecho abrirnos, destapar nuestros miedos, nuestras inquietudes, nuestras frustraciones, nuestros morbos, nuestros deseos sexuales prohibidos (ambos teníamos muchos y muy variados, ocultados y tapados tras unos matrimonios grises y monótonos), y todo ello en una complicidad extrema que se escapaba de toda lógica, todo era “sin trampa ni cartón”, desde entonces han sido muchas veces las ocasiones en que sentía como me susurraba al oído: «No permitiré que te infravalores, tú eres una gran mujer»

Su charla durante la comida era amena, me contaba sus actuales proyectos profesionales, mientras que en mi cabeza se agolpaban aquellas charlas eróticas que tenía con él, en la soledad de mi despacho, tantas tardes que habían acabado introduciendo mi mano por debajo de mis bragas para empaparme de mi deseo, para sentir “su cercanía”,  el cual, con el paso de las semanas había sido capaz de provocarme con solo hablarme o contarme cómo me deseaba.

Sin darme cuenta, me noté allí sentada, con la comida encima de la mesa, mirándole y sintiendo como me había vuelto a empapar…otra vez como hace 12 años, notaba mi sexo, rasurado, empapado de fluido de hembra, solo podía pensar en cómo me abriría las piernas y me montaría…Os pareceré una frívola …pero tantas y tantas noches  deseé ser montada por él…que me introdujera su polla erecta, jugosa de líquido preseminal hasta lo más profundo de mí….y que me llenara por completo de él.

Me notaba como se encharcaba mi coño …tenía miedo que la humedad traspasara el tanguita o empezara a discurrir por mis muslos, era tal la fluidez que estaban provocando mis hormonas.

Me disculpe y fui al baño, afortunadamente siempre llevo en el bolso de esparto un juego de toallitas, cerré la puerta del aseo, me arremangue mi vaporoso vestido y me bajé el tanga…el olor a hembra libidinosa era claramente perceptible…hacía años que nadie me había provocado eso y sólo era por tenerlo delante…uffff.

Me limpie lo mejor que pude, incluido el tanga…me subí el tanguita y use el lavabo para refrescante con agua abundante toda la cara, sentía oleadas de sofocos, uno tras otro.

Volví a la mesa y me recibió con unos inequívocos ojos de deseo…de nuevo el aire acondicionado estaba produciendo su efecto, erizar mis pezones y el roce con el vestido hacía que aun fueran in crescendo, y él no hacía más que dirigirles miradas furtivas y lascivas.

De repente, recordé aquellos relatos eróticos que escribía en su pequeño blog personal y dónde, historia tras historia, desgranaba todos sus deseos sexuales, sus morbos insatisfechos, sus fantasías sexuales incumplidas ante un matrimonio carente de actividad sexual.

Acabada la comida y saliendo del restaurante, le dije,  indicándole la dirección de mi casita de alquiler:

  • “Va siendo hora de café y siesta”

Y él sin dejar de sonreírme, contesto:

  • No necesariamente en ese orden”

Caminamos en silencio, simplemente agarrados de la mano y mirando el mar que sesteaba lánguidamente en el horizonte. Pero era fácil adivinar nuestros pensamientos: El mío se concretaba en que me ardía el deseo de cabalgarle como a un semental sin castrar (como tantas veces había hecho soñando mientras me masturbaba en mi antiguo trabajo)

En poco más de 5 minutos estábamos ante la puerta de la casita que había alquilado, nada más abrir la puerta, le dije:

“Te voy a enseñar lo más bonito de la casa

Agarrados de la mano le conduje por la escaleras hacia el piso superior…sabía que mis 178 centímetros de altura hiciera que mi trasero, mis muslos, mi tanga (empapado) quedaban a la altura de sus ojos y él supo aprovechar la ocasión para examinar lascivamente todo aquello que estaba a punto de…poseer.

El dormitorio superior estaba en semipenumbra por efecto de los rayos solares colándose a través de las persianas semibajadas…Jaime cerró la puerta tras de nosotros. Me abrazó contra su cuerpo….noté como le palpitaba el corazón al oprimir mis tetas contras su pecho, me besó lentamente, y noté su miembro estaba tan erecto que hasta me causó la sensación de que podría llegar a perforar mi ligero vestido.

Mi clítoris ardía, simplemente ardía, mis pulsaciones estaban a 140  y mis pezones querían atravesar el fino vestido. Seguíamos besándonos suavemente, saboreando nuestros labios, nuestras lenguas,  cuando empecé a sentir como sus manos se escondían debajo de mi corto vestido y empecé a sentir las yemas de sus dedos en mi culo, primero ligeros roces muy sutiles luego algo más fuertes hasta sentir ambas palmas asiéndome ambos glúteos con un sentimiento que me hizo sentir que iba a ser poseída por un macho.

Los besos suaves se fueron volviendo pasionales, incluso animales,  nuestras lenguas peleaban por saciarse después de tantos años de espera.

Después de una borrachera de besos, de una eterna y húmeda comida de bocas, y de un infinito tiempo de sentir sus manos agarrando firmemente mi culo contra su paquete, se separó un poquito de mí, y sin dejar de mirarme a los ojos me levantó el vestido sacándomelo por la cabeza y dejándolo caer al suelo.

Su siguiente movimiento me cautivó: Recorrió con una caricia empezando en mi mejilla, bajando por mis pechos pequeños,  rematados con los pezones totalmente empinados y acabó acariciando mi tanga transparente blanco, dónde la humedad de mi sexo se había extendido sobre todo él. Sus ojos quedaron impactados de mi provocador tanga de color blanco roto con pequeños puntos de azul celeste, a través del cual se notaba la gran excitación que estaba sufriendo mi vulva, en aquel momento recordé que Jaime era un fetichista de la ropa interior de mujer, como yo…

Me miró como un semental a punto de empotar a su yegua….

Aproveché para quitarle su camisa blanca, y bajarle la cremallera del pantalón, sus pantalones cayeron y mis manos se recrearon acariciando el bóxer blanco de licra totalmente abultado, le deslice con suavidad y quedó a mi vista todo su aparato genital, era como tantas veces me había descrito, un miembro viril grande, bonito, con un glande precioso en aquel momento jugoso y con un vello publico arreglado, retocado,  pero se notaba que nunca había sido depilado, lo que auspiciaba que iba a ser poseída por un  hombre que se viste por los pies.

boxer blanco de licra

Se la acaricié con suavidad, deleitándome de ese momento, sintiendo como la humedad impregnaba mis manos de su deseo imposible y mi sexo se convertía en un río anhelando llegar a la desembocadura del mar.

Me hizo poner en pie, me echó sobre la cama y de forma ansiosa me empezó a recorrer lamiéndome todo el cuerpo, yo estaba a punto de llorar de placer, sentía que mi coño era un grifo fluyendo incontables gotas de placer…en aquel momento, se puso encima mío..y me penetró…fue una penetración  lenta pero muy profunda …Jaime sabía follar…¡ vaya que si sabía !…

La gran polla que hace unos segundos antes había tenido entre mis manos, ahora estaba dentro de mi coño y lo notaba completamente rebosante, empezó a entrar y salir dentro de mí, sin dejar de mirarme…así durante unos minutos, con cada entrada y salida de su polla pensaba que me corría era un sufrimiento de placer que sabía no podría resistir mucho más…

Así que después de casi 10 minutos sintiendo su polla perforando mi cavidad, de fusionarse sus fluidos y los míos, conseguí girarle…le necesitaba tener debajo mío…necesitaba montarme en él, necesitaba que la explosión orgásmica con él fuera en la “posición del buda”.

Poco a poco lo conseguí, estaba semi-sentada sobre sus muslos, sin dejar de mirarle, agarré su polla de 16-18 cm, esbelta, jugosa y con suavidad la encamine a mi coño, se introdujo lentamente llenándome por completa, acomode mi cuerpo al suyo y el acoplamiento fue perfecto, sin dejar de mirarle le empecé a cabalgar primero lentamente, la humedad en las zonas pélvicas cada vez era más palpable, aumente el ritmo (sí, al final se estaba cumpliendo mi sueño recurrente de años de masturbaciones, de años de sueños furtivos compartiendo con otro hombre la cama, de años de tangas empapados por el deseo de poseer y ser poseída por Jaime).

amantes en posicion buda

Con cada nuevo movimiento de mi cabalgada, los gemidos, en ambos, iban in crescendo, abrazados como que nos fuera la vida en ello, manteniéndonos la mirada, apretando los dientes…era una pelea por el orgasmo del otro y en un momento determinado las cabezas de ambos se refugiaron en el cuello-hombro del otro y el orgasmo explotó como un volcán en erupción, éramos uno, treméndamente abrazados, corriéndonos al unísono, éramos dos catataras desahogando en el mismo lago.

Nos quedamos en esa misma posición fuertemente abrazados, en silencio, el tiempo se paró, las respiraciones poco a poco se fueron volviendo más pausadas,  habíamos saldado una cuenta con el pasado.

No recuerdo cuando tiempo estuvimos así, 5 minutos quizás 10..no sabría decir, nos recostamos en la cama, mirándonos uno frente a otro, cuerpo con cuerpo, abrazados,  sin decir nada…nuestras miradas se ocupaban de ello.

Desperté a las pocas horas…la escasa luz que entraba por las rendijas me hicieron ver que el atardecer estaba llegando a su fin…él estaba allí dormido, exhausto, boca arriba y con el torso desnudo, estaba guapísimo, veía su respiración tranquila y sosegada.

Me levanté, vi su camisa en el suelo y no pude resistirme a ponerla, su olor aún permanecía en ella y me reconfortó sentir que ahora estaba sobre mi,  sin abrochármela me acerqué a la ventana a contemplar como moría el día. A los pocos minutos sentí como me rodeaba con sus brazos, sobre mi trasero, apenas tapado por su camisa, note su erección, solo me susurro al oído:

 “Y ahora..¿Qué?”

Y así refugiada en sus brazos sólo pude contestarle:

“Ahora….Carpe diem”

Como en las pelis, el chico malo es el siempre se liga a la chica…el chico bueno es el que siempre se convierte en amigo…¿Sera Jaime…el chico malo o el bueno? Lo que sí puedo afirmar, es que todos los días Jaime me añoraba…

Esta es la historia que viví con Jaime o quizás ¿sólo es una de las historias que publicaba Jaime en su blog de carácter erótico?…¿Fantasía o realidad? Eso sólo lo sabremos nosotros hasta el fin de nuestros días: Jaime y Nora.