En la habitación de María

By | July 20, 2015

Cuando baje a desayunar, María estaba acabando de preparar el café. Aquella mujer de 35 años era la mayor de las dos hermanas que regentaba la casa rural, ya en un anterior relato os conté mi experiencia lésbica con Inés la pequeña de las hermanas.

María era diferente, una mujer segura de sí misma, de ojos castaños, con unas caderas un poco anchas pero sin dejar de ser atractiva, y con un pecho prominente. Con aquella sonrisa de mujer segura de sí misma, algo misteriosa y reservada la confiaba una sensualidad que emanaba por todos los poros de su piel.

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Aquella mañana. Llevaba un pantalón ligero, que dejaba vislumbrar ligeramente un tanga negro, con una camisa de flores que marcaba con algo de descaro sus pechos.

Mientras ella acababa de preparar el desayuno, yo hacía como que ojeaba la prensa del día pero no podía apartar la mirada de su cuerpo, moviéndose con soltura por la cocina, pensando si también sería lesbiana, y si sería igual de fogosa que su hermana pequeña…

Poco a poco, mis pensamientos hicieron que mi braguita de encaje azul cielo empezará a absorver cierta humedad proveniente de mi sexo. Sin pensar porque lo hice, me desabroche un botón de la blusa para que el nacimiento de mis pechos quedaran a su vista, la puntilla del sujetador intuía que podía ser de su agrado.

A los pocos minutos se sentó conmigo y mientras tomábamos el desayuno, estuvimos charlando y en ese momento me enteré que aquella mañana la casa rural estaba desierta, sin ningún inquilino, lo cual había sido aprovechado por su hermana para irse a la playa. Dicha información hice volar mi imaginación a como sería ser poseída por María, el hecho de pensar de llegar a follarme a las dos hermanas me atraía, era una ruptura con todos mis prejuicios y experiencias hasta ahora conocidos.

Estaba tan absorta en esos pensamientos que casí no oí aquella pregunta tan directa:

¿Te gustó el polvo que te hecho mi hermana?

Aun ruborizada solo conseguí tartamudear: sí, fue mi primera vez

Sin dejarme de mirarme, se levantó me agarró de la mano y me condujo a su dormitorio, yo iba como una zombi, dentro de mí ardía el deseo de ser follada por aquella mujer pero al mismo tiempo mi cultura me decía que no estaba bien dejarse follar por aquellas dos hermanas, y menos estando claro que compartían entre ellas sus aventuras amorosas.

Nada mas cruzar la puerta del dormitorio, cerró la puerta, fue directa a un cajón y cogió varios pañuelos de cuello, yo seguía desconcertada pero no opuse resistencia cuando ato uno de los pañuelos a mi muñeca y el otro extremo a uno de los pieceros de la cama, acto seguido hizo lo mismo con la otra muñeca, de tal forma, que allí estaba yo de pies, inclinada, y atada las muñecas al piecero, mirando hacia la pared del cabecero, sin saber que tenia en mente María.

Detrás de mí oí una pregunta en un susurro ¿Confías en mí?

A lo cual solo pude gemir: Sí

Con otro pañuelo me tapo los ojos, y de pronto noté como estando a mis espaldas metía sus manos por debajo de mi falda de vuelo, subió hasta los muslos y una vez que agarro mis braguitas tiro hacia abajo hasta sacármelas por las piernas.

Lo siguiente que oí me produjo una quemazón en todo el centro de mi sexo:

“Vas a ser mía, mi pequeña zorrita, tu culo va a ser mío”

Creo que percibí como se chupaba dos dedos y sentí como acariciaba mi ano con ellos, y poco a poco note como me los estaba introduciendo, definitivamente aquella sensual mujer era dominante y yo iba a ser su juguete del placer.

Sentí que salían los dedos, y algo mas grande y duro, empezaba a entrar en mi culo: sí era una un consolador, era la primera vez que alguien me follaban el culo, y la sensación fue de extasis total, María, aquella mujer directa, de miranda penetrante me estaba perforando el culo con un vibrador.

Sin poderme mover gran cosa porque me lo impedía aquel aparato que tenia metido por el culo, pude oír como se quitaba el pantalón, y de pronto noté que me acercaba a mi cara y de repente me di cuenta que era su tanga: olía a sexo, olía a hembra, olía a coño…ufffff aquello era demasiado, así que apreté el culo para sentir aun con ahinco el vibrador mientras que literalmente me deje que me metiera sus tanga en mi boca, cerré los ojos y me llego un gran orgasmo.

María ante tal hecho parecía complacida, pero simplemente se limitó a quitarme el pañuelo de los ojos y sentarse en el cabecero de la cabeza, con solo la blusa puesta, dejándome ver su pubis cuidado pero con un poquito de vello de forma vertical.

Aquella imagen y el seguir con el vibrador metido en el culo me hizo que mi deseo volviera a crecer de forma brutal: María sin apartar su vista de mi, se fue acariciando los muslos, luego su sexo hasta que finalmente se hizo un dedo delante de mí, llegando al orgasmo a los pocos minutos y saliendo a espasmos su leche cayendo sobre las sabanas blancas sobre las que dormía todas las noches.

Yo quería más, mucho más, pero estaba visto que ella marcaba los tiempos, dónde, cuándo y cómo, así que me saco el consolador, me desató las manos y dirigiéndose hacia la salida dijo:

Date un baño y descansa, que si estas muchos días aquí, “quizás tengas que satisfacer a dos hermanas al mismo tiempo….”