Pasión frente al mar: Desenlace

By | July 23, 2015

Nunca me había sentido tan mojada por dentro y por fuera, mi ropa empapada, se ceñía a mi cuerpo mientras que andamos hacia el coche y cada paso que daba, la sal que impregnaba mi  tanga me hacía arder toda la zona púbica de placer, cada paso era una punzada de orgasmo, sabía que mis pezones duros y firmes por la quemazón interior y por la humedad del mar sobresalían a través de la tela fina de mi vestido, y ver como él me los miraba, me hacía sentirme como una verdadera dominadora de su deseo y cómo no, de saber que dentro de sus calzoncillos su miembro viril estaba oprimiéndolo, queriéndose liberar de aquella opresión.

segunda parte de sexo en la costa

Nos subimos en el coche y pusimos rumbo al pueblo buscando un mercadillo donde pudiéramos comprar algo de ropa para cambiarnos, pero mi cabeza solo pensaba en ponerme encima de él, abrirle la bragueta, sacarle el pene y hacer que me penetrara, pero aun resonaba en mi cabeza sus palabras en el mar “Quiero poseerte pero te lo haré desear todo el día hasta que tu humedad sea tan evidente que fluya piernas abajo”, así que tuve que contenerme y aguantarme las ganas.

Paseábamos agarrados de la mano, aun con todo la ropa calada y los pies mojados, bajo el  sol de media mañana, entres los puestos de ropa del mercadillo, hasta que llegamos a un puesto de ropa de hombre y mujer: donde me pidió que le eligiera yo la ropa, cosa que no dudé ni un solo instante: Le elegí una camiseta blanca sin botones, abierta en pico y con unos cordones como los que llevan las sudaderas, y unos pantalones vaqueros semi desgastados con ciertas roturas en todo él, una de ellas justo debajo de dónde le llegaría el glúteo y aprovechamos para comprar unos deportivos blancos.

 Le pregunté que tipo de calzoncillo le gustaba y al oído me susurro: elegí tú porque eres tú quien me lo va a quitar con la boca. De nuevo sentí un punzamiento en mi sexo, aquello no podía ser bueno, llevaba mas de 16 horas subiendo y bajando, mojándome y volviéndome a secar, tenía que reconocer que aquel hombre ,Luis Ángel para más señas, me estaba volviendo loca y no veía el momento en que me poseyera.

Atendiendo a su petición le elegí dos pares de bóxer: unos negros y otros blancos, siempre había soñado con la visión de ver el perfil de un gran pene a través de un bóxer blanco completamente mojado por sus flujos.

Llegó el momento de comprar mi ropa y pensé que lo justo era que la eligiera él, así que al oído le susurre: Ahora elígeme tu a mi la ropa que desearas quitármela para saber porque mi cuerpo parece un volcán y por qué hay lava corriendo a raudales en lo más íntimo de mi

Aquella declaración de intenciones por mi parte le sorprendió y sé  que le puso muy cachondo porque sus ojos de deseo no hacían mas que recorrer todo mi cuerpo, y como luego me confesó, allí mismo, entre el barullo de la gente, tuvo una eyaculación.

Con sumo detenimiento estuvo buscando la ropa para mí: se decantó por una blusa negra semitransparente y una falda veraniega hasta los tobillos pero con abertura a lo largo de la pierna (para la noche tal y como me explicó) y por otra parte, eligió unos pantalones blancos de algodón y una camiseta blanca. La ropa interior que me compró, la guardo como oro en paño, el conjunto más bonito en blanco que he visto: una braguita con lacitos en la zona central con semitrasparencias y un sujetador a juego. Pero no conforme con eso, eligió para la noche un sujetador negro con un tanga del mismo color.

Llegó el momento de cambiarnos de ropa y decidió, otra vez él, que cogeríamos una habitación para pasar el fin de semana justo al lado del puerto. Esa decisión fue demasiado para mi, allí en medio de la calle frente a él, aun calado por el mar, no pude por menos de abrazarle y dejarme ir: acababa de correrme, sí como oyes, tuve un orgasmo en mitad de la calle simplemente por estar con él, por sentirme deseada, por desear follármelo allí mismo. Él se dió cuenta y solo me dijo una cosa: “la próxima vez tu orgasmo será absorbido por mi  boca”.

La habitación era  acogedora con un gran ventanal desde el cual se veía todo el mar, en el techo tenía un tragaluz desde el que se veía el cielo. Las paredes moradas y había dos mesillas y una cama de dos por dos.

Yo aun estaba examinando la habitación cuando él cerró la puerta y me abrazó por detrás, la dureza de su miembro traspaso su pantalón y mi vestido, por una vez en mi vida desee que me penetrara por detrás cosa que jamás habían hecho…me rodeo con sus brazos desde atrás y recorría mi cuello con la punta de la lengua mientras que sus manos se deslizaban hacía mis pechos, los pezones eran dos picos que sobresalían de mi vestido y que él se encargó de acariciarlos con mucha sutiliza, lo cual produjo el efecto que aun se volvieran más duros.

Aun de pies, el rodeándome desde atrás, no pude reprimir un gemido de placer, el orgasmo estaba a punto de producirse otra vez, de lo cual se dió cuenta y fue entonces cuando dijo:  “esta vez tu orgasmo será en mis labios”

Con suma delicadeza me volvió hacia él, hizo sentarme encima de la cama y encoger un poco las piernas, me las separó levemente,  me puso encima de los ojos una de las prendas de vestir que habíamos comprado y mi placer aumento considerablemente cuando empecé a notar que me estaba lamiendo con la punta de su lengua los dedos de los pies y subía hacia arriba recorriendo toda la pantorrilla, en aquel momento yo era consciente que tenia a su vista mis piernas, mis muslos, mi tanga mojado, me sentí dominada, controlada y satisfecha de ser el objeto de deseo de aquel hombre que apenas unas horas antes no conocía.

Sus lamidas, tenues y volátiles iban subiendo hacia mis muslos, notaba su cabeza debajo de mi vestido arrugado y aun semi empapado por el mar, mi ingle sintió como la punta de su lengua la rozaba y aquello era superior a mis fuerzas: no poder ver que hacía, sólo sentir como me iba tomando centímetro a centímetro hacia que mi vulva estuviera cada vez más mojada, y noté como sus dientes aprisionaban mi tanga mientras que sus manos la agarraban en la parte posterior hasta hacerlas deslizar por las piernas y sacarlas por los tobillos.

Aquello era inaguantable, solo podía gemir, casi lloraba de la ansiedad por que apagara mi fuego cuando de pronto noté como su cabeza estaba entre mis muslos desnudos, al descubierto para él, y la punta de su lengua rozando mis labios vaginales, mis secreciones eran para él palpables y notaba como le satisfacía saborear lo que mi cuerpo estaba produciendo, cuándo de pronto de forma suave separó con sus dedos mi labios vaginales e introdujo la punta de su lengua, el contacto fue tan explosivo que sentí un escalofrío por todo el cuerpo naciendo en la columna vertebral y acabando en mi sexo, ante lo cual no pude por menos que dejarme ir y explote en el mayor y mejor orgasmo que he tenido con mis 32 años, pero cuando pensaba que ya había culminado, él se encargó de recordarme que con él todo era erotismo y siguió lamiéndome mis flujos, mis labios vaginales, mi pubis rasurado hasta que algo de dentro de mi se rompió, y toda la lujuria explotó en  unos segundos llenando por segunda vez su boca con todo mi orgasmo.

Mis orgasmos siempre habían sido hacia dentro, con poca expresividad hacia afuera, en cambio él me provocó una corrida húmeda y líquida y de nuevo sus pronósticos se hicieron ciertos: “hasta que tu humedad fluya piernas abajo”

Siendo imposible seguir relatando la vivencia erótica acontecida en aquella habitación en este momento ya que los recuerdos hacen arder lo más íntimo de mi, te emplazo a leer el post que titularé: Pasión en la habitación frente al mar.