Pasión frente al mar

By | July 7, 2015

Con 32 años me consideraba una mujer madura pero al mismo tiempo sexy, con mis 164 centímetros de altura y 54 kilos de peso y con un trasero prieto y unos pechos de talla 95 aun en su sitio, gracias a los dos días a la semana que iba a Pilates. Mi media melena y mis ojos color miel hacían buena conjunción con unos labios carnosos que según la ocasión me los pintaba de rojo pasión.

Después de dos relaciones largas en el tiempo, consideraba que no había tenido suerte en el amor y aun menos en el sexo (siempre había sido algo secundario pero que imaginaba que podía ser mucho mas satisfactorio de lo que había probado hasta ahora)

Ser la ejecutiva de cuentas de la multinacional me permitía vestir bien y realzar mi figura pero odiaba las reuniones sociales pero en aquella ocasión no pude decir que no: mi director me impuso acudir a la cena de despedida de uno de los socios.

Era un Viernes por la tarde, había salido de trabajar y allí estaba yo mirándome frente al espejo pensando en que ponerme para la cena, aquella en la que se despedía a uno de los socios de la empresa y a la que no me apetecía ir. Mirándome frente al espejo con solo un sujetador y unas brasileñas entendía porque en la oficia siempre habías ojos que de reojo miraban mi cuerpo…

Mi cabeza me decía que debía vestirme de forma sobria y elegante al igual que la ropa interior pero algo me empujo abrir el cajón de la mesilla donde guardaba mi ropa interior y empezar  a sacar todas las prendas y depositarlas encima de la cama, aun no sé por qué pero aquel conjunto de sujetador blanco con florecillas estampadas y semitransparente a juego con el tanga atrajo mi atención, aun no se por qué pero me decidí a cambiarlo y mi visión de como me quedaba al mirarme frente al espejo, animó mi ego interior: realmente estaba atractiva y provocativa, era el tipo de prendas interior que una mujer se pone para llevarse a la cama a un buen semental (cosa que no era mi intención o quizás sí?

Estaba decidida a ponerme algo realmente sexy, si había de acudir a aquella cena de verano sosa y aburrida al menos sabría que más de cuatro hombres aquella noche follarían a sus esposas soñando que era yo…Así que elegí unos zapatos negros de medio tacón, y un vestido ligero, ondulable al viento, y que a contraluz permitía entrever el contorno de mis muslos  y con un pequeño escote en forma de V que incitaba a soñar con mis sugerentes pechos.  La tela del vestido era tan sutil.

Antes de salir de casa me mire frente al espejo del recibidor y la sensación de mujer pasional y deseosa de vivir cosas nuevas me produjo un cosquilleo que se traslado hasta mis muslos, así que decidí salir de casa antes de que fuera a más la cosa.

Dos horas después allí estaba yo, rodeado de compañeros, compañeras y acompañantes en aquella cena de gala insulsa, con conversaciones triviales haciendo que prestaba atención cuando de pronto mis ojos se cruzaron con aquel joven de unos 35 años, de bonito rostro, trajeado pero sin corbata que me miraban con ..¿”Curiosidad”?…no pude por menos que sentir algo en el estomago sensación que se acrecentó cuando en los postres se levantó se dirigió decidido hacia mí y me dijo:

Hola, creo que no nos conocemos son Luis Ángel y trabajo en la delegación de Italia

Y me plantó dos besos. Aquella forma tan directa de presentarme me atrajo intensamente…y algo se estaba despertando en mí…desde hacia muchos años no sentía una inquietud dentro de mí. Y mientras le miraba a los ojos escuchándole atentamente, no podía dejar de cerrar y abrir las piernas mientras imaginaba como me penetraría, lo que provocaba que la humedad se apoderara de mis muslos.

Al final de la fiesta, estábamos el y yo sentados uno al lado del otro en la terraza, solos, hablando de nuestras vidas y cada vez que de forma disimulada me pasaba la mano por la espalda y notaba la yema de sus dedos a través de mi fino vestido, no podía contener que mi ardor mojara mi tanga…y aun más cuando miraba de reojo sus cintura y como estaba de abultado su impecable pantalón de vestir, desde luego que debía haber allí escondido algo realmente “importante”.

La noche avanzaba y siendo las tres de la madrugada el camarero nos informó que cerrarían en diez minutos, y nos quedamos mirando sin saber que decir ninguno de los dos, hasta que el de pronto dijo:

Ojala estuviéramos frente al mar para ver amanecer.

De forma inconsciente sólo pude decir:

Tiene fácil arreglo cogemos el coche y nos vamos a la costa.

El sin decir nada se levantó, me cogió de la mano y me condujo hasta el aparcamiento, donde tenía aparcado su Audi, me abrió la puerta y me hizo entrar.

El conducía de forma suave, con música relajante de fondo, yo allí sentada con mi vestido que tapaba poco más que los muslos no pude por menos que cerrar los ojos, mientras que nos comíamos la noche camino del mar. Estando en un semisueño y sin saber que hora era y donde estábamos note como unos dedos rozaban mis piernas desde la rodilla hasta el inicio del vestido, la sensación fue maravillosa pero seguí en aquella postura mientras el juego continuaba y donde los dedos recorrían diferentes partes de mis piernas hasta que el roce se hice mas intenso al rozar mi piel por la parte interior de mi pierna y en esa ocasión los dedos no se detuvieron en el vestido sino que llegaron a rozan el borde de mi tanga, mi libido aumento exponencialmente, como estaba ocurriendo desde el inicio de la noche.

Me hice la semidormida y me deje hacer, con ese roce tan sutil y erótico hasta que oí el ruido de tráfico y note como se detuvo el coche, aun con los ojos cerrados noté sus labios contra mi oreja y un susurro diciéndome:

Preciosa hemos llegado a tu paraíso de fantasías

Nos bajamos del coche y paseamos por el borde del mar playa aun desierta mientras veíamos al fondo el sol como aparecía por el horizonte, cuando de repente sin mediar palabra me cogió en brazos se metió en el mar tres metros y sin soltarme se zambullo en el agua…trascurridos unos segundos y al ponernos de pie con el agua por la cintura mirándonos los dos, y mi cara mostrando sorpresa pero al mismo tiempo satisfacción pareció pararse el mundo:

Allí estaba el como su camisa blanca empapada y pegada al cuerpo donde se percibía claramente los pectorales y unos pezones mojados por el agua marina, el cabello chorreando agua y aquella entrepierna aun abultada, de pronto me mire a mi misma y me di cuenta de lo que él estaba viendo: un vestido de tela entrefina calado por el agua que se pegaba a mi cuerpo, permitiendo ver perfectamente mis muslos, mi tanga semitransparente con florecillas ciñendo mis muslos y una perfecta visión de mis pechos y pezones, ahora duros y erguidos, gracias al conjunto de ropa interior que elegí del cajón de mi habitación.

Me rodeo con sus brazos y busco  mis labios con los suyos, de forma decidida como todo lo que el hacia, introdujo la punta de su lengua en mi boca buscando la mía hasta que la encontró y el beso o mejor dicho, la comida de boca y lengua fue brutal, queríamos comernos mutuamente, dominar al otro en ese juego brutal y lascivo con las lenguas, mientras que note como sus manos bajaban de la cintura hacia mi trasero y lo agarraban fuertemente con ambas manos, atrayéndome hacia sí, y note como mi bajo vientre era aplastado por una cosa dura y alargada, definitivamente aquel hombre tenia una buena polla y mis muslos deseaban ardientemente recibirla.

La sal del mar, empapaba mi tanga y el roce me hacía sentir lujuriosa y lasciva cuando de pronto, allí en medio del mar, me dijo:

Quiero poseerte pero te lo haré desear todo el día hasta que tu humedad sea tan evidente que fluya piernas abajo.  Y  ahora vamos a pasear por el pueblo y buscarte ropa seca que no quiero que te pongas enferma, y quizás busquemos un sitio tranquilo dónde pasar la noche.

Como no sé si mi experiencia te resulta interesante, cortaré aquí mi relato, y serás tu el/la que haciendo uso de los botones sociales (Twitter, Facebook, Google+) me trasmitirás que deseas o no conocer el Desenlace de pasión frente al mar.